miércoles, 24 de febrero de 2010

La Nave de los Recuerdos

Ni recuerdo desde cuando llevamos entrando en esta nave, pero siempre ha estado ahí, esperándonos paciente, lúgubre y fría, cobijando con cariño y esmero todos nuestros pasos, el chiquitillo del Resucitado, el de la Virgen y el del Cristo, esperando a que pasara el Carnaval para abrirnos su puertas. Guardaba también las parihuelas de ensayo, la cruz del viacrucis, que esperaba siempre su momento de esplendor después de pasar demasiados días soportada sobre una gran alcayata de hierro oxidado, siempre a la entrada a la derecha. Y esa lapida? Que era solo eso, una lapida porque nada había detrás de ese pedazo de mármol gris. A su lado, el pollero de la Virgen, enfrentado a la Cruz, parece como si se consolaran unos vecinos apartados, en silencio.

Al fondo, nuestras rampas de salida, siempre preparadas para ayudar a nuestros costaleros a salvar las escaleras de bajada, desde la plaza de la Merced a nuestro barrio añejo y morisco y a esos balcones, que nos hacen la salida más complicada.

En unos pequeños huecos hechos en la pared del fondo a la izquierda, el cd o cassette que también nos esperaba con su cd dentro deseando soltar las marchas para que los costaleros mecieran su parihuela al compas de sones que poco más tarde sonarían en directo, ya con Nuestra Madre de la Soledad en su paso. Y los sobres, los deseados sobres de las cuotas de hermano costalero, sitio no mirado por muchos, también hay q decirlo. Y encima de ellos, y colgadas cual jamones serranos, esas pequeñas cruces de madera de los nazarenos del Resucitado pasean como nadie el Domingo que mas brilla el sol. Separando toda esta nave, una vieja puerta de madera, cansada del paso de los años, cual sonido estridente a la hora de abrirla, con un cerrojo forjado y oxidado por los años.

Esta nave ha sido testigo del gran avance de nuestra cofradía…..del paso de ruedas a costaleros, testigo de la flor más fresca y olorosa, debidamente resguardada de curiosos en sus grandes banastas de negro plástico. Testigo de improvisadas reuniones y tertulias, de primeras levantás, de las papas asadas y cervezas (el novato las abre), de las habas y la babolla, testigo de momentos buenos y no tan buenos, testigo de la creación de la cuadrilla de mujeres costaleras,de sueños y de pasión, fe y amistad.

Testigo de recuerdos poderosos y profundos, que nadie será capaz de borrar con una simple brocha o cemento, que nadie conseguirá sacar de nuestras vidas aunque ponga toda su fuerza en ello. Porque los recuerdos, los nombres de las Iglesias o las tradiciones, no se borran como un escudo en una puerta, ni se reconducen como un cauce de un rio, porque siempre estarán ahí, muy dentro de todos.

Este es un homenaje a nuestra casa, a la casa de todos y a una Nave de recuerdos. Imborrables, eso sí.

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