martes, 8 de marzo de 2011

Que empiece la cera a arder.

Pasada la Navidad y el año nuevo, solo nos queda ir restando días para llegar a la Cuaresma. Con ella, vendrá la primavera y con esta, todos nuestros sentimientos mas cercanos y todos nuestros sueños de un nuevo año.
Llegan las noches de ensayo, de reencuentro con todos los que forman por un mes y poco, un todo. Un todo que se mueve al son de marchas de tambor, trompeta y flauta. Un todo amigo, un todo único, responsable y valiente, un todo educado y obediente.
Llegan las preguntas de siempre, del tiempo que va a hacer, de las novedades, de quien hace la salida este año. Llegan los nervios del primer ensayo, de la iguala y la maqueta de marchas a ensayar y de las nuevas que tocara nuestra banda.
Soñamos con ese momento en que la cera se enciende, la hermandad echa a andar y el sonido del llamador, anuncia que otro año mas, salimos a las calles de Baza, para llenarlas de Soledad.
Tiempo de preparación no solo física, sino también interior, con los valores que una cuadrilla de costaleros lleva a su vida diaria. Valores que no se estudian ni se aprenden a base de golpes, sino que hacen que este “todo” se mueva al unisono.
Llega la Cuaresma, marcada por esa cruz de ceniza, que nos prepara para la semana de pasión, para convertirnos, para el ayuno. Esos cuarenta días de meditación para la Gloria, de cultos y carteles, de búsqueda de trajes de nazareno y faja y costal.


Que empiece la cera a arder, que estamos preparados.

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